Siendo niña, y aún ahora, cuando las ONGs nos piden ayuda para que millones en el tercer mundo puedan comer algo, o puedan tener acceso a unos mínimos cuidados médicos, o se les proporcione un kit de medicinas básicas, cuando algún desastre natural azota al planeta Tierra y la pena y la miseria azota se apropia de las vidas de esas personas que sobreviven, me preguntaba y me pregunto:
¿y si yo dejara de comer hoy, comería alguien que no comió ayer?
¿y si yo no fuese al médico por una simple gripe, iría mi médico a ayudar a ese niño con malaria?
¿y si hoy no me tomo esta aspirina para dormir bien, le llegará a quién tenga 40º C de fiebre?
¿y si yo dejara de ser feliz, sería alguien feliz?
Siendo niña, y aún ahora, me respondo: “Creo que no, creo que el mundo no es una balanza en la que uno cambia el pan, el agua, el médico, la aspirina o la felicidad de un platillo a otro”
