Nunca nadie me ha regalado nada vital, quizás me hayan ayudado a lograrlo, pero regalo, regalo -por muy deseado que fuera- nunca tuve.
Eso ha hecho que en mi vida haya siempre una actitud de luchadora incansable, de no rendirme ante nada, de crecerme ante la adversidad, de sonreir ante rostros difíciles, de quitar calor al fuego que consume, de imprimir calor al hielo que congela, de querer saber por qué ocurren las cosas (“todo lo que sucede conviene”). Yo siempre he tirado de mi carro lleno o vacío -no importa como estuviera, he tirado de él por terrenos baldíos y por terrenos fértiles, he tirado con todas mis energías-.
Pero ¿qué me ocurre cuando finalmente la vida me regala algo? Ocurre primero que no entiendo por qué se me regala algo, ocurre que mientras soñaba mi regalo me lo estaban regalando poco a poco, ocurre que mi carro -lleno o vacío- tiene dos arrieros que lo tiran, y no sé cómo se hace … ¿aprenderé?
Con tu permiso




